José Guillamón HO Airbus Space España

Así funcionan los satélites que utilizamos cada día sin saberlo

Por Azahara Mígel | 23-11-2016

El 4 de octubre de 1957, en un remoto lugar de Kazajistán, una esfera de aluminio de 58 centímetros de diámetro y 83 kilos de peso hizo historia. No ella sola, claro. Hicieron falta un buen número de ingenieros, científicos y, por supuesto, militares. En plena Guerra Fría y en la Unión Soviética en cualquier evento importante tenían que estar los militares. Y este era muy importante: porque aquella esfera, bautizada como Sputnik (“compañero de viaje” en ruso), se convirtió ese día en el primer satélite artificial que el ser humano puso a orbitar alrededor de la Tierra. Poco tiempo después, en marzo de 1958,  llegaría el Vanguard de la NASA, que el líder soviético Nikita Kruschev calificó de “pomelo”  por su forma, en un intento de ridiculizar los logros estadounidenses. Era el comienzo de una carrera espacial que se convirtió en reflejo de la rivalidad contrarreloj entre las dos grandes superpotencias.

Desde el mismo momento en que el Sputnik fue lanzado, la Red de Vigilancia Espacial (SSN por sus siglas en inglés) comenzó a registrar cada objeto fabricado por el hombre mayor de 10 centímetros puesto a orbitar alrededor del planeta, así como la basura espacial correspondiente a cada país. Desde entonces ha anotado 24.500 objetos en su archivo. En la actualidad hay unos 8.000 aparatos artificiales de distinto tamaño dando vueltas alrededor de la Tierra, 3.000 de ellos satélites.

José Guillamón, de Airbus Space España, asegura que la importancia de los satélites en nuestra vida cotidiana es tan importante que “no podríamos vivir sin ellos”. Y, efectivamente, resulta difícil imaginar un mundo sin GPS, predicciones meteorológicas o señales telefónicas en puntos remotos. Desde allá arriba, a cientos de kilómetros de distancia sobre nuestras cabezas, estos ingenios velan por nuestra seguridad ante accidentes como catástrofes naturales. Guillamón está involucrado en el programa Copérnico de la Agencia Espacial Europea, el programa de observación de la Tierra más ambicioso de la historia. Su objetivo es aportar información precisa, actualizada y de fácil acceso para mejorar la gestión del medio ambiente, comprender y mitigar los efectos del cambio climático.

Los avances tecnológicos han permitido que el coste de poner un satélite en el espacio se haya reducido, hasta permitir que distintas compañías privadas, además de los países, estén en condiciones de lanzarlos, ya sea para fines militares, comerciales o científicos. Guillamón cree que el futuro nos depara satélites cada vez más sofisticados que nos permitirán salvar muchas vidas en caso de catástrofe natural: “en diez años iremos a una red de satélites inteligentes y autónomos que nos presten servicios llave en mano de prevención de este tipo de fenómenos”. Quién sabe si entre estos miles de aparatos todavía seguirá dando vueltas el Vaguard 1, como hace ahora casi sesenta años después de su puesta en órbita.

Edición: Azahara Mígel | David Castañón
Texto: José L. Álvarez Cedena

Temas: Astronomía, Ecología, Espacio, Tecnología
Transcripción de la conversación
JOSÉ GUILLAMÓN
00:05
No podemos vivir sin satélites. Si se apagasen los satélites del mundo nuestra vida cambiaría de manera radical. Nadie se imagina salir un fin de semana sin ver antes una imagen de Meteosat, nadie se imagina salir de casa sin un GPS en su coche o en su móvil. Nadie se imagina montarse en un avión donde no haya wifi o un crucero donde no tengas enlace para hablar con tu familia. Todo esto se hace gracias a los satélites, no podríamos vivir sin ellos.
JOSÉ GUILLAMÓN
00:58
El programa Copérnico ahora mismo consta de cinco satélites. Un centinela 1, que es un satélite radar, un radar en banda C, de control medioambiental. Un centinela 2, que es un satélite óptico que cubre bandas infrarrojas. Necesitas primero una imagen óptica, y sobre ella superpones la imagen radar y entonces es cuando obtienes toda la resolución. Por ejemplo, ahora en los terremotos tú puedes tomar una imagen de hace una semana y de hoy y es capaz de saber las zonas dañadas y ver incluso las casas, en concreto cada una de ellas, qué tipo de daños ha sufrido. El centinela 3 tiene una misión de radar altimetría y tiene como misión medir la altura de los mares. Y esto es muy importante para prevenir fenómenos naturales de amplia magnitud y de amplio espectro.
JOSÉ GUILLAMÓN
01:43
El centinela 4 y 5 no son satélites, son solo instrumentos, que se montan en otro tipo de satélites y que complementan a los anteriores. El satélite de manera automática va tomando esas medidas y las descarga en estaciones terrenas. El siguiente paso es el almacenamiento de esos datos y su posterior explotación. El acceso a esos datos es libre por parte de toda la comunidad científica europea y ellos son de alguna manera los encargados de explotar y de sacar conclusiones a nivel científico y de evolución de cambio climático de esos datos.
JOSÉ GUILLAMÓN
02:31
Prevenir catástrofes es la gran asignatura pendiente de la humanidad. Si hablamos, por ejemplo, de prevención de tsunamis, lo que si podemos hacer con un satélite es por ejemplo, mandar una señal de alerta a toda la zona costera próxima. Tendremos un plazo de varias horas hasta que esa ola llega a la zona costera.
JOSÉ GUILLAMÓN
02:57
La inteligencia artificial puede jugar un papel fundamental en el futuro del espacio porque podemos integrar muchos sensores que están en diferentes satélites y dar una respuesta rápida. En el futuro no habrá estaciones terrenas, recibiremos directamente la señal de nuestro satélite igual que recibimos el GPS hoy o una señal de Iridium cuando estamos cruzando el océano.
JOSÉ GUILLAMÓN
03:17
En diez años, iremos a una red de satélites inteligentes y autónomos que nos presten ya servicios llave en mano de prevención de ese tipo de fenómenos.

José Guillamón

HO Airbus Space España

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