Juan Gilbert Profesor Universidad de Florida

La primera carrera de drones pilotados con la mente

Por Z. Marcos / N. Núñez | 10-10-2016

Piense en mover un objeto pesado hacia adelante. Concéntrese. Si logra abstraerse de todo lo demás, podrá manipular drones con la mente. No es telequinesis, pero casi. La práctica de mover dispositivos con el cerebro dejó hace años de ser una mera teoría de pseudociencia. La tecnología lo hizo posible, pero ahora ya es objeto de competición. De ocuparse de ello se ha encargado el experto en Informática Juan Gilbert, que ha creado la primera carrera mundial de drones controlados por la mente en la Universidad de Florida (EE UU).

El piloto solo necesita unos auriculares electroencefalográficos que registren la actividad del cerebro, un ordenador y un dron. El movimiento del aparato es posible gracias a la interfaz cerebro-ordenador, que mide las señales del cerebro mediante unos cascos con forma de diadema. Este dispositivo, que tiene varios lóbulos para medir factores como la atención y la concentración, envía la información al ordenador. Este la recoge y da la señal de despegar, aterrizar o girar a la izquierda o a la derecha.

El profesor en la Universidad de Florida está convencido de que esta tecnología nos permitirá crear una contraseña con la mente o mover otro tipo de objetos pesados. “Imagina que la gente llevara interfaces habitualmente, como un reloj de pulsera”, sugiere Gilbert. “Si una persona estuviera herida o no pudiera usar las manos, ¿sería una manera de ejercitar el cerebro?”, cuestiona Gilbert. Es ahí donde se justifica esta competición de drones. En la medida en que se popularice esta tecnología, se avanzará más en su investigación. Quién sabe si algún día podremos hacer la compra con la mente.

Entrevista: Zuberoa Marcos
Edición: Noelia Núñez / David Giraldo
Texto: Noelia Núñez

Temas: Cerebro, Comunicación, Drones, Salud, Tecnología
Transcripción de la conversación
JUAN GILBERT
00:01
Hemos celebrado la primera carrera de drones mentales del mundo.
Lo que se necesita es concentración para hacer volar el dron, eso es lo que posibilita la competición. Los que pueden concentrarse más en la idea de “adelante”, mueven el dron hacia adelante más rápidamente o de forma progresiva. Para pilotar un dron con el pensamiento, se requieren diversos elementos tecnológicos. Uno es la interfaz entre el cerebro y el ordenador que se pone en la cabeza.
JUAN GILBERT
00:58
Otro aspecto es el software de la BCI, la interfaz cerebro-ordenador. Imagina que estás frente a un ordenador portátil con el dispositivo en la cabeza, hay un cubo flotando en la pantalla y te decimos: “Piensa en empujarlo hacia adelante”. La interfaz cerebro-ordenador interpreta ese patrón de pensamiento y lo asigna a la orden de “ir hacia adelante”. Entonces coge el cubo de la pantalla y lo mueve hacia adelante. Podemos coger ese patrón y enviárselo a otro programa que está conectado a un dron. Entonces, cuando piensas “adelante”, cogemos el patrón y lo traducimos en una orden de “volar hacia adelante”, que mueve el dron hacia adelante.
Se sientan en una mesa, unos junto a los otros. Todos se ponen la misma interfaz y miran al ordenador. Entonces les decimos: “Preparados, listos, ya”, y los drones despegan y al pensar “adelante” los drones se mueven hacia adelante. El primero que cruce la línea de meta gana esa ronda, y al final elegimos un ganador.
JUAN GILBERT
02:16
Los drones que utilizamos son normales y corrientes. Se pueden comprar en una tienda o por internet. Utilizamos los mismos drones que la gente pilota mediante determinados dispositivos y mandos por control remoto.
Queremos probar a añadir el giro u otro pensamiento. No creo que logremos incluirlo en la próxima edición del campeonato, pero lo vamos a estudiar. Vamos a estudiar cómo integrar los pensamientos en otros dispositivos. Ese será uno de los nuevos proyectos. Y también estamos investigando la forma de utilizar el cerebro para las contraseñas. Cuando entras en tu ordenador y tienes que escribir la contraseña, imagina si pudieras utilizar el pensamiento. Imagina que la gente llevara interfaces cerebro-ordenador habitualmente, como un reloj de pulsera, por ejemplo. ¿Cuáles serían las consecuencias de eso? Por ejemplo, si una persona sufriera un accidente de coche y estuviera herido o si no pudiera utilizar las manos. ¿Sería una manera de ejercitar el cerebro? ¿Mejoraría la salud del cerebro? Nunca lo hemos utilizado en un contexto cotidiano. Una de las razones por las que organizamos la carrera de drones cerebrales es para popularizar este dispositivo, con la esperanza de que la gente lo utilice, para ver qué ocurriría si lo utilizásemos a diario. ¿Qué descubriríamos? Hay muchas preguntas que hay que investigar.

Juan Gilbert

Profesor Universidad de Florida

Profesor Universidad de Florida