Edward Seaford Vicepresidente de NetNames

Tecnología para luchar contra la venta de falsificaciones en internet

Por Zuberoa Marcos | 28-09-2016

La ropa interior de “Clavin Klain” vendida en los mercadillos de toda España en los años noventa a golpe de marketing directo -barato, señora, tres por cien pesetas- dejó de ser una estampa costumbrista con la llegada masiva de Internet. Los juegos de nombres, de diseños más o menos chuscos, de logotipos casi caricaturizados, dio paso a un sofisticado sistema de copias difíciles de identificar a simple vista y distribuidas por profesionales de la logística. La piratería, como toda la economía, se incorporó con la red al mercado global. Y lo hizo a lo grande. Ed Seaford, CEO de NetNames Global, compañía dedicada a la protección de las marcas, asegura que “el mercado generado por las falsificaciones es mayor que la economía de Australia, Rusia, España o Canadá”.

Mientras, las autoridades y empresas especializadas se esfuerzan por combatir el negocio de la piratería, “a finales de los noventa, dice Seaford, el valor de la industria de las falsificaciones era de unos 200.000 millones de dólares. Pero en los últimos diez años, con la incorporación de la generación millennial y el crecimiento de Internet, estimamos que alcanzará la sorprendente cifra de dos billones de dólares anuales”. Para entender la piratería que sufren las grandes marcas no sólo hay que echar mano de la interpretación económica; influyen también componentes psicológicos, sociales y culturales. Los expertos se preguntan porqué el consumidor se decanta por productos falsificados, incluso sabiendo que al comprarlos están favoreciendo una actividad ilegal. Un estudio de Euromonitor, empresa especializada en estudios de mercado, publicado por la revista digital Puro Marketing, apuntaba a varios factores para explicarlo. El primero de ellos es evidentemente el menor precio, pero también entra en juego la necesidad creada por la publicidad a la hora de obtener productos aspiracionales de grandes marcas, la aceptación social de la piratería (moralmente el comprador no lo interpreta como un delito, sino como una ganga) y el desconocimiento de las consecuencias negativas que acarrea este mercado (desde la destrucción de puestos de trabajo al consumo de productos que no han pasado los filtros de calidad impuestos por las autoridades y que, por lo tanto, pueden ser incluso un riesgo para la salud).

Los falsificadores, además, han ido sofisticando su negocio. No sólo cuidan el producto final intentando que se parezca al original, también se preocupan del packaging, las páginas web, los estudios de SEO y la viralidad en redes sociales. La ausencia de fronteras en Internet y los vacíos legales que se producen cuando se compra en países en los que las leyes antipiratería son más laxas, ha llevado a que, según Euromonitor, hasta un 40% de los productos totales que se venden en las tiendas online chinas sean falsos. En el mercado global, la piratería podría oscilar entre un 8 y un 15% de todo el comercio mundial.

Pero si los falsificadores han evolucionado, también lo han hecho las empresas que los combaten. NetNames Global escanea la web constantemente en busca de falsificadores que estén vendiendo productos de sus clientes (marcas de prestigio mundial como Inditex). Seaford está convencido de que la forma de reducir la piratería pasa por utilizar la tecnología: “el otro día estuve en una conferencia y vi un hilo. Un hilo muy fino que se puede usar en la ropa y que incluye un número de identificación único. Cuando un articulo así se puede escanear y leer su información para comprobar si se trata de un producto auténtico”. El siguiente gran resto, asegura Seaford, será tratar de evitar la piratería cuando se generalicen las impresoras 3D. Una realidad que está muy cerca; tal vez demasiado para los guardianes de las marcas.

Edición: Maruxa Ruiz del Árbol / Marius Cirja

Temas: Comercio electrónico, Internet, Tecnología
Transcripción de la conversación
EDWARD SEAFORD
00:01
Si la industria de la falsificación fuera un país, sería la novena potencia mundial. O desde otra perspectiva: la industria de la falsificación es mucho más rica que la economía de Australia, España, Rusia o Canadá. Es un gran problema.
En los años noventa, se estima que la industria de la falsificación estaba valorada en unos doscientos mil millones de dólares.
En los últimos diez años, con la aparición de la generación de los Millennials, el consumo masivo de Internet, con el auge de i nternet, calculamos que en los próximos años alcanzará los dos billones de dólares al año.
EDWARD SEAFORD
01:00
Sabemos de falsificadores que igualan en poder a algunos de los monopolios más potentes de Estados Unidos. Son entidades enormes, organizaciones inmensas, con muchísimas fábricas por todo el mundo, y con sindicatos muy sofisticados.
Los consumidores están tomando una postura cada vez más displicente con respecto a las compras online, sobre todo los Millennials. Quieren que las transacciones sean rápidas y fáciles, y no les importa renunciar a la autenticidad de una marca para obtener precios más baratos.
En Europa, por ejemplo, uno de los productos que más se falsifican son los relojes. Relojes, joyas, ropa y bolsos de alta costura son los productos más falsificados. En países como Australia, el contenido digital, la piratería, es el tipo de falsificación que más se consume. En Estados Unidos, también son los bolsos y las carteras. Representan el cuarenta por ciento de las falsificaciones en Estados Unidos.
EDWARD SEAFORD
02:02
Las empresas de falsificaciones empezaron a utilizar las redes sociales antes que muchas marcas. Vieron el potencial. Los falsificadores son muy inteligentes y suelen ser los primeros en adaptarse a las nuevas tecnologías.
Aprovecharon Facebook. Crearon cuentas falsas y captaron la atención de una gran audiencia, a la cual redirigían a sus tiendas online o páginas web falsas. Supieron sacarle muy buen provecho a las redes sociales.
Usamos una tecnología privada que registra internet en profundidad las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año. Trabajamos con los clientes para averiguar qué problemas tienen. A partir de ahí, realizamos un análisis para detectarlos y ver quiénes son los que venden sus productos.
EDWARD SEAFORD
02:56
Trabajamos con muchas marcas internacionales. Una de ellas es Inditex. Cuando empezamos a trabajar con ellos, encontramos muchos resultados. Había muchísimas páginas web falsas que se hacían pasar por Zara. Y eran páginas muy sofisticadas. Copiaban el diseño de la web, el código entero, e incluso el apartado de «Términos y condiciones». Lo único que cambiaban un poco era la pasarela de pago, porque obviamente no era la de Zara, sino la suya. Y lograban convencer a muchos clientes de que lo que estaban comprando era un producto auténtico de Inditex, de Zara. Pero no. Eran falsificaciones.
Trabajamos con Zara para reducir el gran volumen de infracciones que había a un número mucho más pequeño. Y lo conseguimos en unos doce meses.
EDWARD SEAFORD
03:26
Amazon, Alibaba, Taobao, eBay… Todas ofrecen una plataforma de venta entre usuarios. Pero han recibido muchas críticas porque se venden falsificaciones. Y es verdad. Hay cientos, si no millones, de productos falsificados en estas plataformas de compra-venta.
EDWARD SEAFORD
03:46
El otro día estuve en una conferencia y vi un hilo, un hilo muy fino, que se puede usar en la ropa y que incluye un número de identificación único. Cuando un artículo así llega a aduanas, se puede escanear y leer su información para comprobar si se trata de un producto auténtico. Se está avanzando mucho en las tecnologías de escaneo.
¿Pero qué pasará cuando los consumidores, padres y madres o universidades tengan acceso a tecnologías que permitan reproducir falsificaciones? Da un poco de miedo pensar que cualquiera tiene la posibilidad de imprimir mi propiedad intelectual, o la tuya o la de cualquier persona.más.

Edward Seaford

Vicepresidente de NetNames

Vicepresidente de NetNames